El mercado blue de la intimidad

Si hace veinte años alguien le hubiera dicho a Steve Chen, Chad Hurley y Jawed Karim que su recientemente lanzada plataforma, YouTube, haría revolucionar el mercado laboral, ninguno de los tres lo habría creído. Pero así fue, y demoró tan solo cinco años en producir sus propios nativos: los youtubers, los primeros creadores de contenido digital. Pero había un problema, YouTube pagaba por visitas, e incluso para que un video pudiera ser monetizado debía cumplir con determinados requisitos que no transgredieran las reglas de la comunidad. En la época dorada de los youtubers ya se hablaba de una plataforma que mezquinaba la retribución por sus trabajos; cuestiones como el copyright, la censura a temas sensibles, o la cantidad de vistas que se requerirían para poder tener un ingreso digno, eran solo algunas de las preocupaciones que más consternaban a los creadores. En este contexto, en 2013 se lanzó Patreon, un sitio web de mecenazgo digital inspirado en la dinámica de otras paginas como Artist Share, SellaBand, Indiegogo o Ko-fi. A diferencia de sus antecesores, Patreon fue disruptiva en su lanzamiento porque se planteaba un sistema de suscripciones mensuales para apoyar no solo a músicos –como las enunciadas anteriormente– sino también a todo tipo de creador digital: dibujantes, escritores, podcasters y –cómo no– youtubers.  Así, esta nueva generación de creadores encontró una solución a la falta de ingresos que dejaba YouTube.

Bajo la misma premisa que Patreon nació OnlyFans. En 2016 el empresario británico Tim Stokely fundó la plataforma bajo la misma consigna de mecenas digitales. Inicialmente, OnlyFans nunca apuntó a una industria específica, más bien quería amparar a varias industrias al mismo tiempo, con la finalidad de englobar a creadores de distintos rubros que quisieran adoptar este modelo de donaciones mensuales como un ingreso complementario.

Pero la plataforma tomó otra dirección cuando en 2018 el ucraniano Leonid Radvinsky compró el 75 % de la empresa. Graduado en Economía por la Universidad Northwestern, el empresario ya contaba con trayectoria en la industria del entretenimiento para adultos: en 2004 había fundado MyFreeCams, una de las mayores plataformas de camming del mundo, un sistema de transmisiones en vivo a la que los usuarios pueden acceder mediante propinas. Así fue como OnlyFans incorporó este mecanismo y terminó por consolidar el modelo que mantiene actualmente: una suscripción mensual para acceder a contenido base con la posibilidad de complementar con mensajes y contenido exclusivo pagando un monto extra.

La dinámica de OnlyFans era disruptiva en relación con sus antecesores –los sitios pornográficos tradicionales– ya que no requería una gran producción ni un tercero en la escena, era, más bien, el más íntimo de los registros: una persona que posaba en el espejo de su casa y un comprador que pagaba desde cualquier parte del mundo. El negocio se vio categóricamente beneficiado durante la pandemia del COVID-19, que produjo una aceleración exponencial en el engagement de la web según los balances financieros anuales presentados por la empresa que la administra, Fenix International Limited, ante el registro corporativo gubernamental del Reino Unido (Companies House, 2020 y 2023). De acuerdo con estas auditorías, mientras que en 2019 la red poseía menos de 100.000 creadores, para el cierre de 2020 esta cifra había escalado a 1 millón, a la par de los consumidores –denominados fans– que llegaron a ser 85 millones de usuarios. Y los números se acrecentaron con el pasar de los años. Para 2022 los creadores ya sumaban 3,18 millones frente a 238,8 millones de usuarios, y en el reporte anual más reciente, de 2023, se reportaron 4,1 millones de cuentas creadoras frente a una audiencia de 305 millones de suscriptores (Fenix International Limited, 2023).

Eventualmente, crear una cuenta en OnlyFans dejó de verse como un mero recurso provisorio para generar ingresos en contextos de crisis, para empezar a considerarse un trabajo propiamente dicho, sobre todo por la ganancia considerable que dejaba en relación con el poco tiempo trabajado. Entre otras cosas, esta independencia relacionada a la jornada fue lo que motivó a Venus, una modelo que trabaja en la plataforma desde 2022, a iniciar a vender contenido: “Mi interés surgió porque veía a otras modelos y me llamaba mucho la atención cómo les funcionaba. Además, siempre me gustó la atención y todo lo que hay detrás de construir una imagen o una marca personal. Me encanta la parte creativa, la producción de contenido y la conexión que se genera con la gente. También hubo una cuestión personal. En ese momento trabajaba con mi papá en albañilería y sentía que quería algo distinto para mi vida. Buscaba independencia, manejar mis propios tiempos y no depender de un jefe o de horarios fijos. Sabía que este trabajo podía abrirme la puerta a esa libertad, y por suerte así fue”. La creadora de 26 años apuntó que actualmente los ingresos que genera desde OnlyFans representan su ocupación principal y que no requiere desarrollar otros trabajos complementarios en paralelo. Además, describe su experiencia como positiva, a pesar de tener una incursión dificultosa: “Como en cualquier trabajo, al principio costó. El primer año no ganaba demasiado y fui aprendiendo con la práctica. Con el tiempo descubrí nuevas plataformas, distintas formas de promocionarme y maneras de llegar a más gente, y eso me permitió crecer mucho”.

A raíz de este crecimiento exponencial post-pandémico, surgieron agencias de modelos especializadas en este rubro con la finalidad de asumir la administración de las cuentas, planificar la producción de contenido y coordinar estrategias de promoción en otras redes sociales. BROF Management, una de las empresas consultadas, opera bajo un sistema de tarifas dividido en diez niveles según la facturación del creador. Entonces, por ejemplo, si se trata de un modelo de nivel dos –que factura entre 801 y 1500 U$D por mes– se le cobra una suma fija de U$D 362 por la gestión. El costo es el mismo independientemente de lo que se recaude en ese intervalo monetario y solo varía al cambiar de categoría. En el caso de que durante un mes el ingreso sea nulo, el pago mínimo es de 194 U$D, mientras que incorporarse a la agencia tiene un valor de 260 U$D iniciales. Por otro lado, Agencia Only Argentina adopta un arancel basado en la retención del 15% de las ganancias que los creadores generen a través de ella; si no registran ingreso alguno, no se les cobra el servicio.

Mientras tanto, para los ojos del resto del mundo todo parecía normal: los números cerraban y cada vez se veía a más gente abriéndose un perfil. Otros sitios similares como Divas Play, donde se encontraban celebridades argentinas como Wanda Nara, Charlotte Caniggia, Florencia Peña, Mónica Farro o Belén Francese –por nombrar apenas algunas– generaron que la sociedad normalizara estas nuevas prácticas bajo la lógica de que, si había tantas personas viviendo de esto, inclusive varias de renombre, era porque se trataba de un negocio próspero. Sin ir más lejos, así fue como ingresó a la plataforma azul –como se conoce coloquialmente OnlyFans– la youtuber Daiana Hernández, que, ante una repentina falta de ingresos sumada a los incentivos de sus colegas del rubro, terminó por hacerse creadora en 2021: “Se hablaba de todo lo bueno, el dinero… yo estaba pasando por una situación de pandemia viviendo en México mientras mantenía a mi pareja […] empezó a haber como recesión y me la rebusqué de un montón de formas, seguía con Youtube pero eso no alcanzaba al 100% […] unas amigas mías que eran influencers habían probado de hacerse un Only y me decían que estaba re bueno, que hacías fotos en lencería, que ganabas un montón y no dependías de nadie […] decían todo positivo, de hecho, me queda todavía la frase de una de las chicas que me dijo que lo único de lo que se arrepentía era de no habérselo hecho antes”, contó en una entrevista para el canal Hispa.

Durante los cuatro años que duró su experiencia, Daiana se enfrentó a consumidores que le exigían contenido cada vez más explícito y que la insultaban cada vez que ella se rehusaba a cumplir con sus exigencias. Además, padeció a un seguidor que compraba sus fotos y las revendía haciéndose pasar por ella;  también sufrió acoso por parte de un hombre que se había ensañado con conocerla y le escribía a sus familiares con el fin de obtener su número de celular. Pero el punto de quiebre de la pionera de YouTube Argentina fue cuando –por obligarse a seguir manteniendo su única fuente de ingreso– comenzó a alcoholizarse en transmisiones en vivo para poder sobrellevar la situación. En uno de esos vivos perdió la consciencia y se accidentó; para ella eso fue el comienzo del fin. El caso de Daiana es uno de los pocos que generó repercusión en internet y, a su vez, también es uno de los pocos que se puede encontrar al indagar acerca de las desventajas de crear contenido para adultos. Lo interesante es que si en distintos motores de búsqueda se insertan las palabras “OnlyFans” más “experiencias” las plataformas ponderan contenido de agencias, modelos activas y hasta tutoriales de cómo emprender en el sitio.

Otro caso reciente de una influencer que incursionó en la creación del contenido para adultos fue el de la tiktoker y youtuber Sofía Maure. Su debut en el modelaje explícito fue en mayo de 2026, también en OnlyFans: Allí, comenzó a ofrecer suscripciones por 10 dólares mensuales para acceder a contenido íntimo.  Su decisión llamó la atención porque contrastaba con la postura que había manifestado apenas tres años antes. En 2023, durante un video publicado en su canal de YouTube, Maure había asegurado que no abriría una cuenta en la plataforma porque consideraba que una exposición de ese tipo podría afectarla psicológicamente: «Yo no me haría un OnlyFans porque siento que me perjudicaría bastante la vida. Psicológicamente, te puede hacer bastante mal el hecho de exponerte tanto en redes sociales […] no es una cosa sutil o tranquila como en Instagram, estamos hablando de algo superexplícito». Más que evidenciar un doble discurso, su caso permite detener en los factores que pudieron haber motivado ese cambio de postura. En su descargo por las críticas recibidas —apenas un día después de lanzar su cuenta— manifestó que estaba dispuesta a perder gran parte de sus seguidores si eso significaba cumplir su sueño. Por “sueño” se podría llegar a inferir que se refería a la prosperidad económica, ya que en el video hacía hincapié en las adquisiciones que había hecho con apenas un día de trabajo, en el cual se estima que generó aproximadamente US$ 30.000.

Históricamente, los debates sobre las distintas ramificaciones del trabajo sexual estuvieron atravesados por distintos ejes de discusión: la moralidad del acto, el empoderamiento, la sanidad y –principalmente– los peligros potenciales que no están presentes en ningún otro trabajo. Sin ir más lejos, en 2019 el Tribunal Oral Federal de Mar del Plata condenó por proxenetismo a María “Malú” López Villagra, quien era la entonces secretaria de la delegación en la ciudad costera de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR), sindicato de trabajadoras sexuales. En este sentido, entonces, resulta por lo menos sospechoso pensar que uno de los negocios más populares del rubro dentro de los últimos años se venda bajo la idea de una autonomía laboral acompañada de remuneraciones desorbitantes con pocas horas de trabajo implicadas. De todas formas, esto no implica que no existan personas que encuentren a la creación de contenido para adultos como una actividad satisfactoria o que la ejerzan por mera vocación. Sin embargo, los testimonios recolectados para esta investigación sugieren que, en numerosos casos, el ingreso a plataformas como OnlyFans responde inicialmente a necesidades económicas o a la búsqueda de una mejora en las condiciones laborales, incluso para quienes, posteriormente, contaron con una experiencia agradable. En definitiva, podría decirse que esta nueva ocupación de la era digital  —además de tratarse de un rubro que roza una línea finísima entre el consentimiento y el acoso— es, sobre todo, la radiografía más nítida de la necesidad de estabilidad económica encarnada en un servicio que, en esencia, surgió como una suerte de amparo frente a un sistema laboral tradicional que desde hace tiempo dejó de asegurar cualquier atisbo de prosperidad.

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